Campo Grande, Brasil — 24 de marzo de 2026. Cada año, millones de aves recorren miles de kilómetros a lo largo de las Américas, conectando el Ártico con América Latina a través de sus rutas migratorias. Estos viajes, que en muchos casos atraviesan continentes enteros, dependen de una cadena de hábitats que debe mantenerse intacta para garantizar su supervivencia
Barend van Gemerden, BirdLife International.
Brasil está en el corazón de esa cadena.
Con más de 1.900 especies de aves —cerca del 16% de todas las especies del planeta—, Brasil es, además de uno de los países más biodiversos del mundo, un territorio fundamental para las aves migratorias. Sus ecosistemas, que van desde humedales hasta selvas tropicales, ofrecen refugio clave para especies que se reproducen en Norteamérica y dependen de América Latina para completar su ciclo anual. Pero estos viajes son cada vez más frágiles.

En América Latina, la evidencia muestra un declive general en las poblaciones de aves, especialmente en especies sensibles y comunidades migratorias. Actualmente, la región alberga 599 especies en peligro de extinción. Muchas de estas —incluyendo aves boreales que recorren miles de kilómetros cada año— dependen de ecosistemas en países como Brasil para su supervivencia. Sin la protección de estos hábitats a lo largo de toda su ruta migratoria, los esfuerzos de conservación pierden efectividad.
Frente a este desafío, en el marco de la COP15 de la Convención sobre Especies Migratorias (CMS), Conserva Aves convocó a socios, equipos técnicos y tomadores de decisión para avanzar en la conservación de aves migratorias en Brasil, combinando una presentación pública del concepto con un espacio de trabajo conjunto.
El espacio contó con la participación de Christine Dragisic, de Audubon, en representación del Comité Regional de Conserva Aves, así como con la presencia de BirdLife International y actores clave en el país, incluyendo a Alice Reisfeld y Raquel Carvalho (SAVE Brasil), Manoel Serrão y Fernanda Marques (FUNBIO), Rita Mesquita y Braulio Dias (Ministério do Meio Ambiente e Mudanças Climáticas) y Rodrigo Agostinho (IBAMA), entre otros.
En este contexto, se destacó la necesidad de una acción coordinada para fortalecer la conservación de aves migratorias a lo largo de sus rutas.

Como parte de esta fase de estructuración de Conserva Aves en Brasil, se presentó una herramienta de priorización espacial basada en ciencia para Brasil, que identifica áreas críticas para la conservación de aves y permite orientar inversiones y acciones hacia los territorios de mayor impacto.
Al conectar ciencia, financiamiento e implementación local, este enfoque busca asegurar que los esfuerzos de conservación sean efectivos y escalables en el tiempo.
Conserva Aves ya está generando resultados en América Latina y el Caribe, apoyando a comunidades locales, pueblos indígenas y organizaciones en la protección de hábitats clave para especies migratorias y amenazadas. En Brasil, iniciamos una fase de estructuración, trabajando junto a socios como SAVE Brasil y FUNBIO para avanzar en el diseño de un modelo de conservación adaptado al contexto del país.
Este paso refuerza una convicción central: la conservación de aves migratorias requiere acción coordinada en todo el hemisferio, y Brasil es una pieza clave en ese esfuerzo.
En un contexto de creciente presión sobre la biodiversidad, seguimos apostando por soluciones que integren ciencia, comunidades y financiamiento. El futuro de las aves migratorias se juega a escala continental, pero se construye desde territorios clave como Brasil.